Trastornos alimentarios

Quién no ha escuchado o incluso leído algo acerca de los Trastornos Alimentarios (Anorexia, Bulimia, Trastorno por Atracón…) y en muchos casos,  quién no conoce, de forma directa o indirecta,  a alguien que lo haya padecido o que lo sufra en estos momentos.

Objetivamente, se puede observar que se trata de un problema relacionado con la comida (por defecto o exceso), pero lo que hay detrás de esa conducta o apariencia física va más allá de lo que vemos u observamos.

Por ello, intentar comprender qué es lo que genera este tipo de sintomatología implica necesariamente explorar a un nivel más profundo y emocional, teniendo en cuenta tanto lo que está sucediendo en la vida de esa persona en ese momento (situación familiar, personal, académica y/o laboral) como su historia de vida, explorando también las relaciones familiares, la existencia de posibles traumas o experiencias adversas  que hayan podido contribuir a la sintomatología del presente. Y todo ello, desde el enfoque del trauma y el apego.

 

De este modo, tendremos que ver más allá de lo aparente, es decir, mirar a la persona que hay detrás de esa relación disfuncional con la comida o de la búsqueda de la delgadez o el comer compulsivo por el placer de comer. Ya que lo que se esconde detrás de esas diferentes conductas o apariencia física son distintas emociones no expresadas o que desbordan, conflictos no resueltos, palabras no dichas, y mucho malestar relacionado con la historia de vida de la persona que lo sufre.

 

También hay que tener en cuenta a esas otras personas, que aún sin cumplir los criterios diagnósticos para un Trastorno Alimentario (TA), manifiestan alguna dificultad con la comida, utilizándola, la mayoría de las veces sin darse cuenta, como un regulador emocional. Esto es, recurrir a la comida como una manera de calmar o regular un estado emocional interno (ansiedad, tristeza, enfado…).

 

Este tipo de relación con la comida, que es más frecuente de lo que creemos, genera también mucho malestar en la persona, y con frecuencia deriva en un trastorno alimentario como el sobrepeso o la  obesidad de tipo psicógeno. Sin embargo, en estos casos habitualmente suele tratarse únicamente la parte orgánica, sin tener en cuenta la dimensión emocional tan importante que se esconde tras este tipo de problemas.